En México, la UNAM quiso innovar y dar un salto hacia la IA y sus genialidades. Por primera vez, su examen de admisión se haría en línea. Más de 158 mil aspirantes participaron desde internet; el experimento ha sido tan controversial que muchos de estos aspirantes necesitarán presentar de nuevo su examen. Esta vez en modalidad presencial.
Reporta Forbes México que fueron admitidas cerca de 22 mil personas y que, por irregularidades, cancelaron un 2% de las evaluaciones. Adicionalmente, algunos puntajes fueron atípicos porque no sonaban a algo históricamente real en un examen de la UNAM; comenzaron las acusaciones. La tecnología que necesitaba darle certeza al proceso fue la misma que se vio en el ojo del huracán por aparentemente darle ventaja a los evaluados.
Es importante entender que la UNAM no entra en jaque por querer usar tecnología. Lo problemático es pensar que, por digitalizar un proceso, automáticamente es más confiable.
Esto no es como pasar un Word a un PDF. Las condiciones son diferentes y también las formas de hacer trampa. Hablamos de un examen de admisión para una universidad. Para combatir la polémica, la UNAM suspendió las inscripciones temporalmente. Juntó a 16 expertos y aplicarán un examen presencial (de control) para 58 mil personas. Este examen se realizará durante agosto en Oaxaca, Tijuana y Ciudad de México. Claramente, muchos jóvenes protestan que ya pasaron legítimamente el examen y sería irrelevante tomarlo nuevamente.
Lo chistoso es que la tecnología aparece en ambas caras de la moneda. Po un lado, se pudo haber usado para contestar el examen. Por otro, fue utilizada para supuestamente vigilar a quienes lo presentaron.
La inteligencia artificial todavía necesita reglas claras, auditorías y mecanismos que corrijan cuando algo no tiene sentido. Necesita procesos que la gente pueda entender y confiar. Aquí parece trampa y todavía no estamos seguros si sí fue o no.
