Empresas de tamaño colosal (Google, Meta, Amazon, OpenAI, Nvidia y más) están en la batalla por fabricar chips que dominarán el terreno de la inteligencia artificial. En paralelo, Pringles (sí, los de las papas) también está usando la IA para sus chips. Claro, acá son los chips que se comen y vienen en un tubo.


De acuerdo con Gizmodo, la empresa detrás de Pringles, Kellanova, invirtió varios años y hasta $5 millones de dólares en maquinaria con inteligencia artificial. Todo para perfeccionar su característica chip (papa) apilable. Para que todas tengan la misma curvatura, sean igual de crujientes y cuenten con la misma distribución de sal, especias y otros sabores.

La compañía hizo un clon digital de los materiales usados en sus papas y recrearon el recorrido por la fábrica. Imagina una especie de videojuego donde la papa va cruzando niveles: ¿Dónde se rompe? ¿En qué punto se distribuyen mal los ingredientes? ¿Se atora? Es mucho más sencillo ver las papas defectuosas y no utilizan papas reales.

Eso no es todo: Pringles colocó sensores en toda su línea de producción. Estamos hablando de alrededor de 200 datos.

Ven desde el tamaño de las partículas de harina hasta las variaciones más pequeñas de la mezcla final. Su modelo de inteligencia artificial analiza la información y reporta antes de que algo pueda salir mal. Adicionalmente, esta tecnología no tiene días de descanso ni horas muertas, como un humano.

Parece broma, pero es una de las aplicaciones más evidentes de las nuevas tecnologías. No queremos que redacte un documento ni que actúe de psicólogo, sino que detecte errores y reduzca desperdicios, al tiempo que hace los procesos más consistentes.

Entre chips que cuestan millones de dólares y están producidos por enormes corporaciones y chips acompañados de crema y cebolla, ¿nos quedamos con los segundos?