La empresa Meta tiene varios motivos para estar de buenas. Durante el segundo trimestre de 2026, creció a un total de $59,400 millones de dólares en ingresos, poniendo a la compañía en un incremento del 27% vs el año anterior. Mucho de eso lo atribuyen a la inteligencia artificial, que específicamente en publicidad, ha hecho maravillas.

Hoy, los anuncios en Facebook e Instagram están hechos con una precisión tal que es altamente improbable que lleguen a quien no compre o no de clic.

Social Media Today señala que su función Advantage+, para hacer publicidad automatizada, tiene un ritmo aproximado de $75 mil millones de dólares anuales. Esto sumado a que la compañía estrenó un sistema que analiza el contenido del anuncio y las preferencias del usuario en paralelo. Olvida esa analogía del mesero que necesita recordar todas las órdenes de la mesa porque no apuntó.

Ahora la otra cara de la moneda. Es cierto que está impulsando sus ingresos, pero también está saliendo muy caro con centros de datos, infraestructura y microchips. Su inversión anual en esto pasó de $130 mil a $145 mil millones de dólares. Imagínate en cuánto sale el recibo de luz para un monstruo así.

Entonces, aunque Meta esté de buenas, los inversionistas no tanto. Los ingresos superaron lo previsto, pero las ganancias andan por debajo de lo que Wall Street proyectaba. A esto se suman las presiones en Europa, donde ya están poniendo más trabas que van a limitar la precisión de la inteligencia artificial publicitaria.

Meta nos demuestra que sí puede dar resultados concretos usando IA en publicidad. El problema está en si el dinero ganado justifica el dinero que cuesta sostener estas nuevas tecnologías.

No estamos haciéndonos la pregunta de si la IA ayuda a vender, porque ya lo descubrimos. La duda es cuánto van a seguir gastando estas empresas como si el futuro ya estuviera trazado.