Qué sabroso se ha puesto el debate de las 40 horas laborales en México. Ahora tiene más conversación, porque llegó el tianguis corporativo con un dispositivo nuevo: el #relojchecador. Deberíamos verlo como una herramienta que ayuda y no como el núcleo de la nueva reforma. El relajo se pondrá bueno.
¿Qué dice El Economista? El reloj checador entró con mucho ruido porque a nadie le explicaron bien de qué se trataba. La obligación de #registrar horas trabajadas no era a fuerzas con una plataforma, app o dispositivo en especial. Por supuesto, todos queremos evitar #multas, pero hay un abanico de opciones disponibles en cuanto a lo que usemos para medir las horas trabajadas.
Lo cual nos regresa al #marketing. ¿Víctimas de la publicidad? Sí, porque la preocupación y el sentido de urgencia atrapó a muchos. Ya viene el cambio a las 40 horas de jornada y van a inspeccionar a quien no lo respete; ahí entraron los ratas a decir que tenían el producto ideal para contrarrestar esa preocupación.
A ver, no es que ese reloj checador sea basura: si se usa bien podría ser un #recurso muy útil. ¿Pero ya se nos olvidó dónde vivimos? México es ese sitio donde las horas sentado en la silla de la oficina mágicamente representan #productividad (o muchos se la siguen creyendo). El reloj checador no nos vino a salvar la vida; registrar entradas y salidas no resuelve tus 4 juntas al día ni el caos de que todo urge. Las horas nalga siguen haciéndonos muchísimo daño.
Importante, las 40 horas laborales nos incomodan en México. Estar disponible no quiere decir estar trabajando y ahí está el famoso "elephant in the room". Las empresas tienen la duda de si sí van a checar a quien no esté en la oficina o sí esté trabajando. De igual modo, temen que se revise cuánto exprimen a sus empleados.
Hay algo llamado marketing del miedo. Lo explico brevemente: la compañía no entiende bien una norma y llega cualquiera con algo de seriedad a venderle la respuesta. ¿Te suena la NOM-035, la ley silla, la privacidad de datos personales o la ciberseguridad? Con todas esas nos la reviraron: softwares, apps, cursos y más.
El problema no es el dispositivo, sino poner la casa en orden. El mal liderazgo, los pendientes que son "para ayer", la inefectiva carga de trabajo, entre otros, son lo que realmente afecta a la plantilla. Por supuesto, caímos en una campaña publicitaria.
Registrar la entrada y salida será indispensable, pero no lo volvamos nuestro tótem. Trabajar menos horas no debería ser una amenaza en las compañías. Es una prueba de si realmente saben o no trabajar.
