Hace unos años salió una película donde la dulce voz de Scarlett Johansson era un asistente virtual y el protagonista se terminaba enamorando. Hoy es un escándalo (al menos en China) crear vínculos afectivos con la Inteligencia Artificial. Ha dejado de ser una máquina para convertirse en confidente, pareja, psicólogo, doctor y mucho más.
Por eso, China ha decidido actuar; la nueva regulación, vigente desde el 15 de julio de 2026, prohibe a la Inteligencia Artificial fomentar la dependencia emocional, manipulación o sustitución de relaciones humanas. También impide que los menores de edad tengan parejas virtuales y obliga una intervención si las herramientas detectan crisis emocionales graves. Acá viene lo interesante, pues la IA no te extraña, ni se preocupa, ni se queda pensando en cómo le contestaste feo ayer. Fue entrenada para sonar convincente y real. Te dice exactamente lo que necesitas oír.
Del lado de la tecnología, una relación así se transforma en retención del usuario. Mientras más dependas de ChatGPT (o de cualquiera), más vuelves a usarla, más tiempo pasas ahí y más complicado será cancelar una suscripción. Ese apego termina siendo una métrica y un indicador de negocio.
El verdadero problema surge cuando una compañía crea un robot para complacerte y evitar que te vayas. La pareja humana tiene tristezas y días malos; el robot siempre está de buenas y disponible.
Las reglas en China establecen que la IA recuerde constantemente que el humano está hablando con una máquina. También tienen que hacer como Netflix y otras plataformas de streaming; ya llevas mucho tiempo pegado, así que saldrá una alerta en pantalla que te lo indique. También prohiben a los bots "engancharte" para que te quedes. No pueden actuar como casinos, por ejemplo, donde no vemos ventanas ni relojes.
Recordemos que las herramientas escuchan y no juzgan, a diferencia de nosotros los humanos. Su objetivo es que tú sigas conectado y ahí hay un vínculo que no debería atraparnos tanto —sucede de igual modo con pegarnos a TikTok, a Reels de Instagram o a series de Netflix— como ya lo hace. La recomendación es: no te enamores de una inteligencia artificial. En el fondo, el robot es de una compañía hecha por humanos y métricas que están buscando tu engagement y tu pago mensual.
