Las maravillas de la Inteligencia Artificial suelen ser muchas. Resumir tu junta, redactar un correo, traducir a un inglés más corporativo o programar. Ahora 26 empleados de Meta dicen que la IA también es responsable de algo muy poderoso: decidir a quién despiden y a quién no.
Gizmodo redactó que los empleados de Meta acusan a la compañía porque utilizó un segundo cerebro —una inteligencia artificial entrenada— para calificar, ordenar y seleccionar personal en una ronda de despidos. Declaran que la herramienta responsable es Metamate, un asistente al que le vaciaron comunicaciones, documentos internos, pulsaciones de teclado (cuánto y qué tan rápido escriben), historial de navegación en la web, correos electrónicos y consumo de tokens (qué tanto preguntan a la IA).
Por supuesto, las acusaciones han sido negadas por la empresa y toman la postura de que, incluso si hubo una IA involucrada, la decisión final la tomó un humano. Lo interesante es conocer qué cosas tomó en cuenta la máquina y cuáles ignoró por completo.
Analizando la demanda, la IA habría interpretado la actividad y productividad de sus empleados; sucedía incluso si los empleados pidieron permiso de faltar, contaban con licencia médica, una discapacidad, etc. Imagínate calificar a un taquero por cuánto vendió, pro no tomas en cuenta que cerraron su calle porque hubo manifestaciones, o que vendió menos por las fuertes tormentas en la zona.
Los demandantes aseguran que muchos fueron seleccionados de manera desproporcionada sólo por tener esos permisos de faltar. La denuncia especifica el caso de una científica a dos días de dar a luz y a una gerente con incapacidad aprobada para irse por embarazo. fueron las únicas de sus respectivos equipos en recibir un despido. Ahora miremos lo que ha pasado en los últimos años: las empresas quieren que todo se traduzca en datos. Medir número de palabras tecleadas, horas sentado, entradas y salidas, entre otras cuestiones, no asegura el contexto ni lo que sucede con la vida de cada empleado. La IA no elimina los prejuicios en una empresa.
El problema llega cuando pones a la inteligencia artificial a decidir, para que luego llegue un humano y corte cabezas. Un humano entrenó a la herramienta y, lo peor, decidió los resultados finales. Esas mismas personas son las que desean lavarse las manos y decir que todo sucedió por un robot funcionando mal.
Respaldar una decisión laboral con IA no debería causar un problema. La problemática llega cuando esta tecnología toma el rol de juez y sustituye el contexto con métricas. Lo relevante es que una máquina todavía no entiende parámetros del día a día con los que un humano sí puede empatizar.
