Bill Gates es una de las voces más relevantes cuando se habla de tecnología e inteligencia artificial. De hecho, sigue insistiendo en que traerá enormes beneficios, desde la medicina hasta la educación. Ahora puso sobre la mesa una pregunta que no nos encanta: ¿qué pasa si la IA reemplaza trabajadores humanos a una velocidad que la economía no alcanza a resolver? En sus Gates Notes, su blog personal, Gates advierte que esperar a que el problema pegue fuerte para reaccionar sería, básicamente, llegar demasiado tarde a la fiesta.


Por eso propone, en primera, meter un impuesto para los robots. Es decir, hoy una compañía contrata a un humano y viene pegado el pagar impuestos sobre su nómina y otros aspectos. Sin embargo, comprar o contratar una máquina incluso podría terminar siendo deducible. Entonces, de alguna manera, el mismo mercado nos empuja a contratar un robot antes que a un humano, ¿no es cierto? Bill Gates propone cambiarlo y utilizar parte de lo recaudado para capacitación, apoyo económico y una red de protección para humanos que pierdan ingresos por ser reemplazados con IA.

Eso no es todo, pues su segunda propuesta es el “Human Reserved” (reservado para humanos). Claro que hay tareas y labores que una máquina puede hacer igual o hasta mejor que una persona. Bill Gates sugiere que las compañías dejen ciertos trabajos exclusivamente para humanos, incluso sabiendo que una IA podría hacerlos también. Con algunos roles hay un valor agregado: pensemos, por ejemplo, en Servicio al Cliente o en una Relación con Inversionistas.

Lo mismo sucedería en chambas vinculadas a cuidados, educación o salud mental. Sectores donde la IA es una herramienta y no un sustituto. Gates sabe que no hay una receta que aplica para todos; un país podría querer una fuerza de producción enteramente de máquinas mientras que otro optaría por trabajadores de carne y hueso.

Nos debemos preguntar no sólo qué puede hacer una inteligencia artificial, sino qué queremos que siga haciendo un humano.

Aquí el experto sugiere que no nada más deben participar los gobiernos, sino comunidades enteras. En esta conversación entran en juego el empleo, los impuestos, la educación, la energía y muchos otros temas que se verán envueltos en la conversación de la IA. Tampoco tendría mucho sentido dejar estas decisiones sólo en manos de las empresas que están creando la tecnología. Al final, trabajo es trabajo; la gran pregunta es quién va a encargarse de hacerlo en el futuro próximo.

Gates no está diciendo que nos olvidemos de la IA y la apaguemos para todos. Todo lo contrario: sigue viendo enormes beneficios en ciencia, salud, agricultura y educación. Si dejamos que todo lo decida el mercado y nadie interfiera, el golpe saldrá caro. Está claro que la IA puede hacer nuestro trabajo; aunque pueda hacerlo, ¿queremos que todos esos trabajos dejen de ser para personas?