La novedad de Tesla (al menos en Austin, Texas) es el Cybercab. Un taxi sin volante ni pedales que ya comenzó sus operaciones. El rollo es que la conversación inmediata no fue sobre la tecnología, sino sobre su regulación. Para eso, podemos poner de ejemplo el ver un taxi futurista de este tipo en ciudades de México.

El primer punto es obvio: semáforos claros y carriles muy bien definidos. Luego lo más complejo, que engloba:

  • malas señalizaciones
  • los baches
  • obras en medio de la calle
  • motos entre los autos
  • peatones distraídos
  • dobles filas de coches
  • combis

¿Así o más complicado?

Con todos esos casos, un conductor humano va aprendiendo sobre la marcha. Reacciona a lo que pasa en el entorno, ajusta en tiempo real y termina leyendo la calle. Son cosas que no vienen en un prompt, sino de convivir todos los días con estos factores. Eso no es tan fácil de enseñarle a una máquina.

Pero este problema no sería sólo tecnológico. Para que un auto como el Cybercab funcione en México, primero tendríamos que resolver cosas bastante menos tecnológicas: calles, señalizaciones, infraestructura, etc. A eso añadiría que lo que dice el reglamento de tránsito sí sea respetado por todos los conductores.

Ojo, que no quiere decir que nunca vayan a llegar a México. Lo más lógico sería empezar en entornos mucho más controlados; trayectos cortos, zonas específicas o ciudades donde haya tráfico, pero no el nivel de caos que vemos todos los días en la CDMX. Pensemos, por ejemplo, en algunas zonas de Puebla o Querétaro. Ahí tendría mucho más sentido probar una tecnología así antes de soltarla de golpe en Periférico por la tarde.

La paradoja es: la tecnología avanza más rápido que las ciudades donde queremos implementarla.

En Estados Unidos ya están discutiendo cómo adaptar las reglas a coches que ni siquiera necesitan volante o pedales.

En México todavía tenemos pendientes más básicos. Por eso, viendo la realidad actual de nuestras calles, quizá no estemos hablando de dos o tres años para ver robotaxis funcionando de manera cotidiana en ciudades mexicanas. Tal vez falten décadas.