Esta historia está buena: un grupo de científicos empezó a entrenar una #InteligenciaArtificial con simulaciones del #universo. ¡Qué padre! Lo esencial era que entendiera el modelo cosmológico —del cosmos en el espacio— y pudiera detectar escenarios diferentes, basándose en lo más aceptado. Sucedió lo inesperado; no es que la IA se embruteciera, sino que aprendió tan bien los modelos que ya no entendía que pueden existir escenarios diferentes.

Uno puede decir "eso es de científicos muy avanzados" pero el caso es que nos pasa todos los días. En las IAs que usamos diario estamos sujetos a que no sean completamente #autónomas. Busca data, la ordena y la presenta (como bien sabemos), pero lo hace basada en lo que ha aprendido antes. Se basa en cómo la educaron.

Volvamos a los científicos: la IA aprendió tanto de unos modelos, que ya se le dificultaba pensar en escenarios distintos. Ahora pensemos en una herramienta tan acostumbrada a unos #patrones que ya todo parte de ahí. Ejemplo: mucha gente busca el tema de México en el Mundial 2026 y la IA lo cataloga como lo más relevante, aunque no sea lo más correcto ni lo más nuevo, ni lo más útil.

Lo lógico: escribo una pregunta a la IA y me da #resultados. ¿Qué creen? Es más de este modo: escribo una pregunta y la herramienta interpreta qué quiero y cómo lo quiero, detecta lo que considera más relevante y ordena las respuestas más probables. Ojo, porque usualmente la IA es veloz; nos redacta tan bien, que dan ganas de copiar y pegar de inmediato. No sabemos si viene sesgado o está viciado por las búsquedas de millones de personas.

Más sencillo: buscamos una receta o la recomendación de una serie o película. Acá la IA no crea desde cero, sino que calcula la respuesta que embona mejor. Si lo que conoce es repetitivo o limitado, así se vuelve nuestra búsqueda y ni lo sabríamos. Lo riesgoso es que pule tan bien la respuesta que la consideramos certera sin dudarla.

Seamos más astutos. Usemos estas herramientas con malicia. Cambiemos las preguntas, pidamos diferentes puntos de vista, busquemos las fuentes originales, comparemos con otra IA. Es, por supuesto, una tecnología maravillosa. Hoy todavía no dejemos que actúe como la última palabra.

No es solamente lo que buscamos y cómo lo preguntamos, sino lo que la IA piensa que es importante y cómo fue educada. Como los resultados de hasta arriba en Google. ¿Ya se nos olvidó que muchos pagan por aparecer primero?